Conclusión

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No quedan dudas acerca de la posibilidad de aplicación del modelo estructuralista a la vida cotidiana. Posiblemente para muchos dicha aplicación constituye o constituía un imposible, pero si se ha de tomar en cuenta la definición dada en el presente trabajo el estructuralismo está presente en todo el diario accionar. Si nos basamos y se toma como punto de partida la interrelación ésta está presente en todo ámbito, de hecho la sociedad en sí misma está interrelacionada, porque su funcionamiento solo es posible debido a que cada miembro de ella cumple una determinada función, más allá de su posición o condición.

Por lo tanto el estructuralismo no es una realidad que nos sea ajena, sino que muy por el contrario. El asunto es que no se sabe y por ende no se ha de tomar conciencia de ello, porque es una realidad que nos ha sido dada. Ejemplo de ello es el famoso Transantiago cuyo funcionamiento solo es posible debido a la interrelación de sus medios y en donde sus componentes han de tener su equivalente, aunque mejor dicho su símil en la lengua y en sus conceptos, en donde la interrelación entre elementos también es de vital importancia para el funcionamiento.

Finalmente solo es posible agregar que tomando como punto de partida el enfoque que se tomó la estructura, la base de todo es la fórmula que se mencionó anteriormente “enlace+función= funcionamiento” y ésta es la que ha de considerarse, al menos en este caso.

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Para tener en cuenta...

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El Transantiago nunca es momentáneo, va a través del tiempo. Así como cambian los sectores habitacionales, los centros de trabajo y los lugares para obtener bienes y servicios, asimismo el sistema del transantiago va cambiando con estas nuevas necesidades de la gente. No es un sistema estático frente al tiempo, de la misma forma que no lo es la lengua. Ella también funciona determinada por los constantes cambios que operan en las necesidades de los hablantes.

En este caso los estados del viaje (estados de lengua), se ven afectados por la opción de transporte que haga el pasajero (diferentes opciones que posee, como lo son: colectivo, transantiago, metro, taxi, etc.). Esto modifica el sintagma inicial, por lo que siempre es diferente, tal como en los estados de la lengua. En el caso de los valores, cada medio de transporte es distinto a todos los demás por oposición. Los troncales obtienen su valor en relación al metro, ya que la función principal de los troncales es unir dos zonas mediante el transbordo al metro. Por lo que sin el metro, el troncal pierde su objetivo. Y el metro pierde valor al verse limitado a ciertas zonas.

Luego, este sistema pasa de un equilibrio a otro, de una sincronía a otra, al igual como lo hace la lengua, basta la modificación de uno solo de los elementos y cambia el sistema general. Por ejemplo, el modificar uno solo de los recorridos de una alimentadora cambia el sistema completo, puesto que se transformará también (muy posiblemente) el flujo de pasajeros en algunos segmentos del metro y en las troncales, lo que, sin poder medirse con una certeza predictiva, puede llevar a realizar otros cambios en el sistema general como: aumentar los carros en algún sector del metro, añadir mayor número de buses oruga para cubrir el nuevo volumen de los flujos, o incluso llevar a transformar otros recorridos.

En este sistema de transporte también se puede describir el elemento diacrónico de la lengua en varios niveles. Un primer nivel es el de las transformaciones del sistema. Que no son generales, sino de cada elemento en específico. Una transformación no se puede aplicar globalmente de manera automática, ya que el sistema está desplegado sobre la ciudad en donde todos los sectores físicos a cubrir por el transporte son distintos, al igual que las densidades poblacionales. Esto significa que cada recorrido debe ser transformado de forma aislada, al igual que en la lengua. Otro es que esta transformación (como se menciona en el párrafo anterior), tiene repercusión en todo el sistema, pues un recorrido es dependiente de los otros (como los del metro o las troncales) y también pueden llevar a realizar modificaciones de manera indirecta. Por último, sobre los estados, y considerando la polemizada historia que ha tenido este medio de transporte desde su instauración como medio oficial, cabe decir que cada modificación a través del tiempo corresponde a un estado distinto, ya que el sistema va cambiando, para analizar el sistema se debe observar el estado en un momento determinado. Es por ello que Transantiago no es lo mismo ahora que cuando empezó, puesto que todas las modificaciones llevadas a cabo hasta ahora (con la precariedad y fallas esenciales del principio) no poseen relación alguna con el estado actual que en este caso puede considerarse como un sistema totalmente distinto. En la lengua sucede de la misma forma, donde los estados, extraídos del devenir temporal, son lo más importante.

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El Transantiago

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A fin de precisar e ir aclarando la investigación se intentará ejemplificar con situaciones cotidianas, por ejemplo con el Transantiago. Ya que tomando en consideración la definición dada de estructuralismo es posible aplicarlo al sistema de transporte capitalino.


Basándose en la definición de estructuralismo se podrá afirmar que la lengua vendría siendo el mapa de recorridos, y a su vez el habla sería la concreción del sistema frente a la sociedad, en otras palabras su funcionamiento. Aplicando el modelo estructural en el Transantiago se ha de tener en cuenta que los elementos participantes serían los pasajeros, los cuales llevados a los términos de Saussure tendrían su equivalente en los hablantes. A su vez los signos serían los recorridos de los medios de transporte (104, F08, MB74), pues en el Transantiago éstos han de combinarse.


De esta manera, las interacciones ocurridas entre personas o entre éstas y el sistema de transportes desde el inicio del trayecto hasta el final de éste, son lo realmente importante. En otras palabras lo fundamental del asunto es que la persona (el pasajero) haya preferido y por ende utilizado el sistema de transporte, cuyo fin será movilizarse a su destino final. Producto de ello la organización del sistema ha de ser llevado a la práctica. Pasa desde un plano mental a uno real.


Dentro del Transantiago es posible identificar ciertos componentes ya que se trata de un sistema. Al utilizar cualquiera de los medios de transporte se ha de tener una intención. Ésta será de vital importancia al momento de elegir la opción que más se acomode a las necesidades del usuario para llegar a su destino. Esto incluirá cambiarse de locomoción, desviar su recorrido o elegir caminar. Con esto se modifica la situación sintagmática. Lo mismo sucede con la intención del hablante.


Al hablar de diacronía se estará haciendo referencia a la duración del viaje, desde su inicio hasta su término en una línea continua (por ejemplo desde San Pablo a Escuela Militar). En tanto que la sincronía se identificará con la acción de tomar el trasporte, sea este el metro o un microbús
En lo referente a las relaciones sintagmáticas y paradigmáticas, las primeras han de reflejarse en la interdependencia que existe entre los diferentes transportes. Por ejemplo se necesitan buses que acerquen a los usuarios al metro, a su vez éste los llevará a destino o bien a un troncal. La decisión que se tome es la que en definitiva cambiará total y completamente las condiciones. Si cada uno de los transportes actuara independientemente, el sistema o bien se retrasa o simplemente no funciona. Las segundas se relacionan con las posibilidades y las decisiones sobre que medio utilizar para movilizarse


Los estados de lenguas han de relacionarse con los estados producidos en los diferentes viajes. Éstos pueden verse afectados por los pasajeros al momento de tomar un determinado tipo de locomoción, modificando de ésta manera el sintagma inicial el cual siempre es diferente, al igual que los estados de lengua. En relación a los valores, cada medio de transporte posee sus propias características. Por ejemplo el bus no es lo mismo que el metro y éste es diferente a una alimentadora.


Los códigos y las reglas utilizadas en el Transantiago son como las de la lengua. Se sabe con que elementos se cuenta y como han de ser utilizados. En otras palabras se sabe con que medios de transporte se cuenta y de igual manera se conoce la función de cada uno de ellos. Tomando en consideración esto es posible señalar que el Transantiago se caracteriza por su inmutabilidad, ya que su utilización ha de concebirse por una convenció, en donde las reglas establecidas no han de ser cambiadas. Por el contrario para que existiese mutabilidad habrían de tomarse nuevas medidas y llegar a un consenso generalizado, a fin de que éstas fuese aplicadas.

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1º Constancia de la Investigación

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En este primer contacto para que se sumerjan en nuestra investigación, sobre la aplicación del estructuralismo a la vida cotidiana, hemos planteado en primer lugar qué es el estructuralismo, basándonos en conceptos propuestos por diferentes autores a los cuales hemos hecho referencia en el blog (ver sección de ellas al costado derecho).

"Por "Lingüistica Estructural" entenderemos en un primer momento, y sólo provisoriamente, toda forma de lingüistica de las lenguas que se refiera a la noción de "estructura" o la que se haya explicado el calificativo estructural." (Coseriu, 1973, p.159)

Primero que todo debe quedar claro que el concepto de estructura se halla relacionado con los términos 'forma', 'configuración' y 'trama'. Esenciales para la concepción de este concepto que buscamos definir. Una estructura denota un conjunto de elementos que cooperan entre sí o se ayudan mutuamente entre sí: sistema solidario; o cuyas partes son funciones unas de otras. Por esto sus componentes siempre están interrelacionados. De aquí que se asegure que una estructura está compuesta de miembros más que por partes y que es un entero más que una simple adición de componentes. En la estructura hay enlace y función más que adición y fusión.

Ya comprendido el concepto de estructura anteriormente definido, podemos hablar de lo que es el estructuralismo. Éste, básicamente, estudia su objeto según el método de estudio planteado en la definición de estructura (elementos interrelacionados). Por lo que se desprende que el estructuralismo es más bien un enfoque metodológico para las ciencias humanas, como la antropología cultural, la lingüística, la historia. Aunque este método tiene derivaciones filosóficas de consideración.

El estructuralismo encuentra sus orígenes o sale en bruto por vez primera a la luz del mundo en el Curso de Lingüística General de Ferdinand de Saussure (1916). Esto sentó las bases para la Lingüística Moderna. El estructuralismo surge como una reacción a lo que se daba con anterioridad, pasando a darle más importancia a sincronía frente a la diacronía. Según la teoría, el valor de cada elemento del lenguaje se define por oposición con los demás elementos. Saussure plantea que el objeto de estudio de la lingüística es un sistema de signos, de ahí la noción de estructura, ya que esta noción implica un sistema donde se interrelacionan elementos (como lo mencionamos en la definición de estructura al comienzo), que en este caso serían los signos. En palabras de Saussure es el estudio de "la vida de los signos en el seno de la vida social".

Pensando en aplicar el estructuralismo a la cotidianeidad podríamos aplicarlo a cualquier sistema que posea componentes interrelacionados y que dependan unos de otros. Algunos ejemplos: una familia organizando un cumpleaños, necesita del interés de todos los organizadores, lo que hace que todos cooperen y se distribuyan las diversas tareas, como: comprar la comida, comprar los adornos, adornar, entregar invitaciones…etc. Si alguno de los “componentes” (organizador) falla, por ende falla toda la organización del cumpleaños, causando un desequilibrio que obligará a crear un nuevo plan: nuevo sistema. Esto retrasa todo el proceso y el objetivo puede llegar a no realizarse satisfactoriamente.

A partir de la comprensión del ejemplo, podemos deducir que el estructuralismo es aplicable a cualquier sistema de organización.

Nosotros lo aplicaremos al transantiago, tratando de encontrar el por qué de su fracaso. El cual sin duda, fue debido a una falla en la organización.

Referencias: Coseriu, Eugenio. Lecciones de Lingüística General (1973). Madrid: Gredos.

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